A lo largo de la vida te vas dando cuenta del engaño de todo esto. De cómo nos programan para llevar una vida que no manejas, sino que manejan otros por ti. En esta segunda etapa, se corresponde con la etapa antisistema. Dónde el objetivo es destruir el sistema que nos tiene esclavizados.
Pero hay una tercera etapa más. Una etapa más reflexiva y es una etapa en la que uno se da cuenta de que no se puede derrotar al sistema. Al igual que en Matrix; las máquinas necesitan a los humanos, los humanos necesitan a las máquinas. Ambos se necesitan mutuamente. El sistema es una estafa, una máquina de hacer esclavos a la gente. Hay gente que lucha por liberarse de esta esclavitud. Lo cual es muy loable y merece mayor reconocimiento de aquel que sigue pensando que el sistema te protege. Sin embargo no se puede derrotar. Es una batalla sin fin. Un grupo antisistema que derrote al grupo que está en el poder se convierte en el nuevo sistema.
En un sistema capitalista, los empresarios se aprovechan de los trabajadores para obtener un beneficio. El trabajador hace un trabajo y el empresario obtiene un beneficio mayor que el coste del trabajador.
En un sistema socialista, ocurre lo mismo. Un grupo de personas que no trabaja se aprovecha del esfuerzo de trabajadores que si lo hacen. El trabajador está sometido a una doble "explotación". Por un lado del empresario, por el otro del grupo de personas que sin trabajar, obtiene un subsidio del esfuerzo del trabajador.
Ambos sistemas se aprovechan del esfuerzo del trabajador. En el caso del socialismo es peor aún, por esa doble explotación y porque las personas perciben un incentivo por no trabajar por lo que al final el sistema colapsa.
Tiene razón la extrema izquierda cuando dice que los obreros que votan a la derecha a partidos que defienden al capitalismo son tontos. De la misma forma y peor son los obreros que votan a la extrema izquierda que les tiene doblemente explotados.
En ambos sistemas, hay un grupo de dirigentes que cobran un sueldo por mantener el sistema en pie y se aprovechan de los trabajadores y de los empresarios.
Esos trabajadores si saliesen elegidos en sus partidos harían lo mismo que hacen sus dirigentes actuales con ellos. Todo lo demás son mentiras e hipocresía disfrazada de buenas palabras, de patriotismo, de defensa causas sociales y humanitarias. ¿Pero y si no es así?
Despierta, estamos en el presente.
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